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8 mar. 2012

Salvar la poesía, volver, vivir empezando y todo ello bajo las estrellas.

@JAVIERARAGON - JAVIER ARAGÓN, EL jueves, 8 DE marzo DE 2012
Veinticinco vividos y en ésta ocasión como repetidas anteriormente un mes de febrero que fue diferente, el comienzo de otro cambio mas. Cuando el mes agota los días del calendario quedan pocas opciones para pensar hacia atrás. Lo único plausible mirar hacia delante, hacia delante sin mirar atrás.

30 días que “he desaparecido” lo sé, quienes me siguen o a quienes sigo en Facebook o Twitter me han dado grandes alegrías en los últimos tiempos, de ellos y con ellos aprendo y desaprendo cada día, personas que apenas conoces, que conoces un poco u otras con las que hacía tiempo atrás no hablabas. Yo siempre digo que Facebook es un campus y Twitter su patio de recreo. La mañana de hoy os recordé, entre y - ¡boom! Algo más de trescientos mensajes, os leeré y prometo responder como siempre lo hago, tan solo darme tiempo.

De la lentitud de las postales o de cómo escribía de niño cartas a mis amigos aprendí que la comunicación era algo experimental. Durante mi infancia tuve amigos por carta, hoy día los comparo con la gente que aparece de un día para otro en mi timeline, me gusta que la gente llegue por casualidad a mi vida, mas aún me gusta que se queden con toda intención, recuerdo que me carteaba por diversión, nos escribíamos cosas simples e inocentes y nos contábamos cosas como “Me gusta jugar a balón prisionero, comer manzanas y tocar la guitarra”. – Si lo pienso bien, hablábamos de las cosas importantes, de esas que hoy olvidamos. – También me escribía con personas de otros países que había conocido en algún viaje y con quienes seguía en contacto y me escribía cosas así. “En Madrid hay muchos edificios, te mando una foto con mi perro. El fin de semana pasado hizo calor. ¿Qué tal Ohio?”

Decidí tomarme un tiempo para mí, para el libro, para desaprender algunas cosas y volver con fuerzas, en ocasiones la mejor medicina es dejarlo todo y volar. Durante los primeros días del año recordé aquella escena que con ilusión imaginaba de niño mientras me leían Peter Pan, esa en la que Peter junto a campanilla volaban a Londres en busca de más niños perdidos. Lo importante no era que recordase como lo imaginaba, lo importante era hacia donde imaginaba que volaban, hacia donde imaginaba que se tele trasportaban de alguna manera. Un espacio donde todo era posible, posible como que la juventud de un anciano reposase en un puñado de canicas viejas.

En aquel instante, sin dejar de lado las estrictas obligaciones yo también pude encontrar un espacio donde eso se convirtiera en una realidad. De pronto, decidí que tampoco era tan difícil encontrar ese sitio donde cómodo, sin apenas conexión con el mundo pero si con cobertura pudiera escribir tranquilo y ordenar mi vida una vez más.

Ya que volar era inviable, 30 días en la montaña bajo las estrellas no eran un mal plan. Y así descubrí como la ilusión se desprende en breves bostezos de hechos y palabras, de momentos y suspiros... Los primeros días decidí que podía dar algunos paseos, reconocer la zona, arar un campo, preparar un jardín o simplemente contar las nubes… Vamos, esas cosas que apenas antes había realizado. Lo único importante era desconectar y vaya si lo hice, al tercer día no me acordaba de la mitad de las cosas que pasan por mi mente en un día normal. El cuarto o quinto día me di cuenta que soy fuerte porque conozco mis debilidades, estoy vivo porque he peleado por mis deseos, y me rió porque también he conocido la tristeza.

Un mes diferente, agazapado, obviando al mundo para encontrarme de nuevo donde quería estar, donde estoy. Enmudecido, pero por ello no callado, lleno de esfuerzo y hemos llegado a marzo. La verdad es que cada día tengo más claro que todo se disfruta mejor cuando dejas fluir el tiempo. Y es un hecho, tu vida cambiará cuando tú cambies. Recuerda que cuando sonríes, haces saber a todos y a ti el primero que eres mucho más fuerte que ayer. Vive siempre para mejorar, sonríe para alegrar y olvida para perdonar. La experiencia es aquello que regularmente obtienes mientras esperabas otra cosa. De la experiencia de la vida aprendí que “sacrificio” necesita conjugar con “esfuerzo” y qué por increíblemente parecidas, “Esfuerzo” y “sacrificio” también necesitan saber de “Gracias”, que “Gracias” necesita saber de “Apoyo” y que “Apoyo” se puede dar de mil y una maneras diferentes... Una mano sobre un hombro, una llamada a tiempo… LLÁMEN A SUS MAMAS, a su amigo/a, aquel o aquella con la que ya no recuerdas ni el por qué de ese distanciamiento en el contacto de la amistad.

En ocasiones nos cuesta conseguir armonía, solo entonces te das cuenta de que debes causarla tu mismo. Algún día, te darás cuenta que la grandeza de una persona no se mide por su estatura, sino por su corazón. Ya lo dije, bien fácil. Lo que no se soluciona pasando la página, se soluciona quemando el libreto. Sin duda, en los momentos difíciles conoces a quienes deberían estar en tu mejor momento. Algún día, alguien va a entrar en tu vida, y te darás cuenta porque no funcionó con nadie más.

Hay quienes no respetan la soledad de algunos. Muchos no entienden el silencio de otros. Algunos no asimilan que no son bienvenidos. Llega el mejor momento de tu vida cuando haces el esfuerzo de marcar la diferencia. Resulta imposible ser una persona negativa y feliz. Todo miedo, esconde un deseo. Si te quejas por lo que recibes, revisa lo que estás dando.

Para qué volver… ¿Sirve volver a esos momentos, revivir todo aquello que nos hizo daño y nos daña con solo recordarlo? Cuánto tiempo más seguiremos cargando la mochila con esas grandes piedras que de tanto peso doblaron hace ya tiempo nuestra espalda, y doblaron también sin darnos cuenta nuestras fuerzas, nuestras ganas y lo que es peor aún nuestra autoestima.

¿Sirve volver y revivir esos instantes? ver una y otra vez en la pantalla la misma película de nuestra vida que nos hizo llorar, que nos hizo temblar, que nos dejó ese sabor amargo, tan amargo. No, no sirve. A veces no nos damos cuenta que queriendo avanzar seguimos retrocediendo. Culpamos al entorno, a la vida, a las personas que conocimos y seguimos parados en el mismo lugar alimentándonos todos los días con las mismas toxinas…

"Vivir empezando" es sellar el pasado y sólo apostar al presente abriendo la puerta con esperanza en el futuro que nos espera. ¡Volver! "Vivir empezando" es dejar la mochila sin pena, decirle adiós y seguir, pues ya no nos sirve porque por ella nos perdimos momentos bellísimos, Ser simplemente feliz, "Vivir empezando" es trazar nuevas huellas y pisar fuerte y seguro apostando a la vida. Nutre tu espíritu con todo lo bello que viviste con él o con ella y deja ir todo lo que alguna vez te dañó…Olvida… Nosotros podremos olvidar lo que nos hizo sufrir, depende de nosotros… eso no quiere decir que olvidaremos a los nuestros, al contrario solamente recordaremos lo felices que fuimos cuando estaban físicamente a nuestro lado.

Es posible, sólo, tan solo a veces, experimentar por unos breves momentos, una gran intensidad emocional, donde una especie de éxtasis lleva a percibir otra dimensión en la que "el tiempo cesa", donde el horizonte se junta con el aquí, donde las estrellas parecen asequibles, donde la vida, no es sólo vida individual, sino algo más que experimentas sin palabras, más allá de tus límites.

Cuando se produce deseas volver a sentirlo, sabes que la luz de la luna, o del sol, o de la vida te ha cogido de la mano para no abandonarte jamás, al menos durante unos instantes y dejas de ser tú, para ser todo, como entonces... sin pasado, ni presente, ni futuro.

Si, y te das cuenta que estás en el paisaje y te das cuenta que tú formas parte del cuadro. Y notas la eternidad que se roza entre las manos, y sientes que aun quema en tus labios el beso que nunca se fue, y estás en el infinito sin tiempo, sabiendo que está en ti.

Esa sensación tan pura e inocente, simplemente el sentirse estático. Es ese instante mágico, único, que aflora como una verdad poderosa, como un destello que nos revela nuestra propia esencia.

El bus bordea la sierra con una elegancia propia de quien lleva años de práctica. Es un viejo vehículo, de esos que se usan para llevar a los niños a la escuela, y que aquí lo han acondicionado para uso interurbano. Yo esquivo los precipicios con mi mirada, buscando concentrarme en la madeja de mis propios pensamientos. El pasado viernes falleció una persona singular, divertida. El cómico y polifacético Quique Camoiras. Salió en todos los diarios, se lamentó en todas las redes, le hicieron tributo en las emisoras. En la radio de nuestro viejo vehículo se oye a todo volumen: “No te hagas la santa /yo se que te encanta/ cuando nos rozamos, mami, a mí se me levanta”. A nuestro alrededor, y casi de manera automática, las niñas y adolescentes menean sus caderas sin moverse del asiento. Sólo a mí y a un par de ancianas parece incomodarnos el volumen de la música. El duelo por la muerte del cómico que estaba en en este preciso instante por mi mente con esta burda cortina de fondo, me pesa el doble. Tengo casi veintiséis años y todavía me siento un adolescente cuando escucho algunas canciones. La nostalgia forma parte de mi vida y sin duda existe la canción adecuada para todo, pero nunca, nunca podría escuchar reggaetón.

Hace unas semanas, con la ley SOPA en boca de todos, un amigo escribió en su muro de Facebook: “Si nos van a meter presos a todos por bajar temas de Internet, por lo menos que nos agrupen según el género musical”. A muchos nos causó gracia la ocurrencia… Mientras yo recuerdo este episodio dentro del bus discoteca, el cantante prosigue con sus versos explícitos, con sus letras de cama y sus deseos a flor de piel. Junto a mí, una chica alza sus brazos, en notorio contraste con mi inmovilidad. Me pregunta a gritos si me gusta bailar (apenas podemos escucharnos), y asiento sonriendo. Cuando el supuesto artista entona algo así como “Ven, mami, quiero tu calor/ gózate en mi cama/ eres mi único amor”, mi compañera de asiento suspira y me grita entusiasmada “Él es muy romántico”. En mi mente, la muchacha pechos de miel se corta las venas con cada golpe de tambor. No tiene nada de malo bailar y divertirse con música barata, y con perdón por la comparativa que estas letras vulgares sean tomadas como dulces declaraciones de amor me parece más triste que la muerte de cien artistas.

Estamos en la era de Twitter y de la virtualidad, donde todo tiene que resumirse en 140 caracteres y la simpatía se expresa cliqueando un “Me gusta”, donde escribir una carta de puño y letra es un arcaísmo y donde los libros de poesía son una especie en extinción. Sentarse a elaborar una metáfora singular, y tomarse el tiempo para entenderla, parece implicar demasiado esfuerzo. Es una pena. Recuerdo a Llorenç Barber, el director de orquesta con quien tocamos campanas en Cartagena. Subidos a la torre de la Catedral, Llorenç acariciaba el viejo bronce y decía sonriendo: “Las campanas son como mujeres: si sabes acariciarlas, si puedes oírlas con atención y tratarlas con amor, verás la bella música que llevan dentro”. Estaba hablando de las campanas más viejas y sucias que había visto en mi vida, y aún así, el hombre hacía que sus palabras y su forma de ver aquellos roídos objetos nos enamoraran a todos. Eso es romántico.

Descreo completamente que la belleza de la mujer se encuentre en lo bien que puede bailar el perreo (un término que se me hace tan caníbal, tan básico, que me cuesta definirlo) o en lo sobresaliente de su escote. Lo explicito llevado a su máximo nivel no hace sino destruir el encanto, adelantar el misterio hasta anularlo completamente, convirtiéndolo todo en un simple acto fisiológico desnudo, despojado de magia, idéntico a cualquier otro, meramente animal. Puede que alguien desee argumentar que al fin y al cabo el sexo por el sexo en sí es natural, que todo lo demás es hipocresía. Y puede que en cierto punto tenga razón, pero sigo prefiriendo lo afrodisíaco del rodeo, la sutil belleza de la conquista, el toque único del amor que se encuentra precisamente en la poesía.

Hay una etérea diferencia entre lo erótico y lo pornográfico: el poder de la imaginación. La imaginación es la barrera entre lo que es y lo que podría ser, y es parte fundamental del amor. Descubrir que todo es como lo habíamos vislumbrado en nuestros pensamientos – o no- es lo que define el éxito de una relación. Hoy es el día internacional de la mujer, pienso que cada vez que una mujer se reduce a un pedazo de carne expuesto en la pantalla televisiva, a una estrofa reggaetonera entonada por un latin lover-macho sexual, a un exuberante implante mamario que rebalsa los escotes, entonces el poder de la imaginación es aniquilado y reposado en una amargada perennidad…

En cierto modo me siento agradecido de haber nacido en la época de las máquinas de escribir, del cartero como transportador de lejanas noticias; y de tener al lado a alguien que tan solo sabe bailar un poco pero que sabe escribir muy bien. Imagino que seremos muchos más los que encarnemos esta silenciosa resistencia de televisores apagados a la hora de comer, de pechos pequeños o no pero orgullosamente naturales y de poesías escritas en servilletas de papel.

De eso se trata la vida, de cambios, el concepto que denota la transición que ocurre cuando se transita de un estado a otro, con frecuencia inesperados, o buscados, nuestras acciones son las que recaen sobre nuestra vida en ese constante cambio, a veces encontramos lo ideal que buscábamos, otras al contrario perdemos la batalla y caemos pero caer, jamás nos impedirá volver a levantar y continuar con nuestra propia e irónica cruzada.

Nos cambiamos y más cambios, los cambios de toda una vida, cambios de los que no serás ni consciente hasta que se hayan producido. Una de las crudas maravillas de la vida es esa, aprender a olvidar, aprender de los cambios. Saben que es lo mejor en la vida, hacer las cosas bien, con honestidad, con ética, con valores, sin que nadie nos vea ni se entere. Y como leí hace unos días: “Como los posibles caminos de la vida, los palitos chinos, los colores, la creatividad, la sexualidad y otras yerbas, no son binarias...”

En cierto modo no sé que pasará de aquí en adelante, pero de alguna forma, eso está bien. A veces es mejor cuando las cosas no son perfectas, por lo menos eso te recuerda que son reales. Para algunos, amar es decir todo lo que se siente. Para mí, es sentir todo lo que digo u escribo. No te hace experto conocer mas o menos reglas del juego. No pierdas la esperanza. Cuando se pone el sol, salen las estrellas.

¡Hasta Otra! ;-)

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