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2 jun. 2013

Vivir en libertad, con la realidad de las cosas.

@JAVIERARAGON - JAVIER ARAGÓN, EL domingo, 2 de junio DE 2013

Hace días que quería actualizar #LosTweetsDebenFluir y me doy cuenta ahora, al terminar de escribir que no sé ni qué título pondré a esta nueva entrada del blog, y acabo de decidir-lo, ‘Vivir en libertad, con la realidad de las cosas'.
Empecemos. Siempre me entusiasmaron las estadísticas, constantemente he creído que son reflejos que se acercan o plasman y dan forma a la realidad de las cosas. Hace unos años (2008) en el canal de televisión Natgeo presentaron un programa, se llamaba ‘The Human Footprint’ algo así como 'La Huella humana' y en él, comentaban estudios sobre los habitantes de la Tierra. Recuerdo que pude observar de nuevo algo que ya podríamos haber leído o escuchado, en tantas ocasiones pero que como diría un economista, “desde las cifras todo se ve más claro”. Estas curiosas estadísticas las comparto contigo para que pienses y te animes a vivir más y mejor.

Supuestamente la persona promedio conocerá a 1700 personas, se enamorará de 3, se emparejará con 10 de ellas y tendrá sexo sucesivamente a lo largo de los años unas 4.300 ocasiones. De entre todas ellas, 1 morirá en un incendio, 10 se suicidaran, 9 morirán en un accidente de transporte y 350 morirán por enfermedad del corazón. Compartirá con otras personas 1694 botellas de vino, se comerá más de 10.000 chocolatinas y se beberá entre encuentro y encuentro 1351 vasos de cerveza. Esa persona promedio expulsará 61 litros de lágrimas en toda su existencia, sin embargo su pequeña aportación a la democracia se verá reflejada en la punta de un pequeño lapicero que utilizará para marcas las cruces en las 50 votaciones en las que participará. Cada diez años renovará todo su esqueleto. Comprará 3 lavadoras, 4 televisiones, 8 coches y una media de 15 ordenadores.

En toda su vida tendrá una media de 104.400 sueños, 415 millones serán la cuenta de sus parpadeos y arrojará 40 toneladas de basura. En una vida promedio de 78 años consumirá 30 mil pastillas y leerá una media de 2.455 periódicos, además de 533 libros. Solo para los periódicos será necesaria la tala de 24 árboles. Trabajará 10 años y se pasará en el inodoro otros 3. Caminará el equivalente a un trayecto de España hasta Bali, ida y vuelta. Sin embargo lo que recorrerá en coche, le permitiría ir a la luna y volver. Visitará a su médico 314 veces, asistirá a más de 2500 celebraciones y se sentará frente al televisor la friolera cifra de ocho años de su lapso de existencia.

Piensa en todo eso y sé consciente de que la vida se escapa en cada instante, que debemos de aprender a valorarla; y aprender a vivir en el aquí y el ahora. Por más que lo intentemos la vida siempre estará repleta de incoherencias y desvaríos en los echaremos sapos y culebras. Y aunque es triste asumirlo, es el principio y el final de todo lo que nos ocurre. Pensar que esto no es cierto, sería como pensar que la juventud de un anciano reposa en un puñado de canicas viejas, o que los soldaditos de plomo corren por las calles.

Vivir en libertad contigo, para vivir en libertad con los demás. ¿Lo has pensado? Hace demasiado tiempo que quería hablar sobre la libertad, sobre el apego y el desapego que debe vivir uno mismo. En última instancia, somos libres para construir nuestro propio sendero. Hablemos de esa necesidad de vivir por encima de estereotipos creados por una combinación de adoctrinamiento y actitudes sociales, acciones colectivas y pensamientos propios.

Hay 207 estados soberanos en el mundo y en 180 de ellos tienen libertad. Vivimos transportados por la locura, demasiado inspirados a veces en que nos cuide el resto. Habitamos un mundo enorme conceptualizado bajo el lema: “es culpa de la Globalización”. Sin embargo, en el mayor de los casos, cuando nos convencemos y salimos de ese paquete embasado al vacio, el 100% de nosotros lo hace por algo que no puede dejar pasar, algo que consideramos crucial en nuestra vida. Una acción vale para comenzar un largo camino, aunque sea imposible saber cuándo o cual será su final. Más de siete mil millones de personas, más de una séptima parte interconectadas a través de internet, al igual que interconectadas están las economías de sus países y las tendencias de consumo. Un mundo demasiado complicado como para tener datos certeros y más aún si pensamos en la rapidez con la que se producen los cambios. Millones de personas, y cada una con su vida.

Actuamos defendiendo hasta con los dientes nuestra forma de vida y no cambiamos, o eso creemos. “Algunas cicatrices las llevamos a todas partes, y aunque la herida cierre, el dolor persiste” Llega el día en el que despiertas de una forma totalmente nueva, y no eres la persona que eras. (…) Has cambiado y con ello, tú vida. Ya no vale cualquiera o cualquier actividad para llenar el hueco y tú te abres a la complicidad que aparece de pronto y casi sin avisar.  A veces, en ese estado de tiempo,  llega la necesidad del apego que puede ser tanto personal, sentimental como profesional. En lo personal el apego es algo sumamente incontrolable, cuando algo conecta con uno mismo es difícil que esto no le atraiga. En lo sentimental el apego es más controlable y aún así a veces te lleva por un riachuelo que se abre paso en libertad, tal como fluye la lluvia, sin miedo. En lo profesional el apego debe ser controlado, por difícil que parezca tu trabajo – seas jefe o empleado –  no puede ser más que otro pedazo de tu vida que complemente el resto.

Puedo hacer planes de aquí hasta el próximo siglo, pero si me preguntan donde estaré en diez años…  “Haz un plan, fíjate una meta y trabaja por ella.” ¿Lo dijiste?  Ahora mira a tu alrededor, cuenta con los demás, haz que los demás cuenten contigo, vive a fondo… eso es todo. Los últimos meses no han sido tal vez los mejores, -no asustarse, para nada los peores- y creo que he aprendido o reaprendido de algunos acontecimientos que me han ocurrido. Lo primero, que el desapego es clave para que uno mismo sea feliz, he vuelto a entender que los demás no siempre pueden estar encima de uno mismo y que uno mismo no puede estar siempre encima de los otros, parece algo simple, pero estaréis de acuerdo conmigo que en contexto es algo francamente difícil.

Lo segundo que he aprendido es que uno no puede callar eternamente. Sea de la índole que sea, de manera incontrolable acaba saliendo. Entre tanto, esa sensación irracional de que puedes controlarlo todo desaparece, nos creemos capaces ahora, incluso de querer saber cuándo o no se conectan las personas con las que nos relacionamos, - a no ser que tengan Iphone y no nos muestren su ultima hora de conexión. ;-) - A veces la realidad entra a escondidas y nos muerde el culo, y entre mordisco y mordisco, despertamos, nos asustamos, lo entendemos y seguimos adelante de la forma que sea.

Algo curioso en nuestra forma de relacionarnos, dos de cada tres personas que conozcas en tu vida y con las que conectes no se parecerán en nada a ti. En un mundo cada vez más que conectado, olvidamos en ocasiones conectarnos a la realidad de las cosas.

También leí hace tiempo, que nueve de cada diez personas viven enlatadas en una vida, que más allá de hacerles felices, no la han decidido. Esas nueve, o lo que es lo mismo el 90% de las personas viven en una vida en la obedecen directrices determinadas por la mayoría, hacen todo lo posible por no salirse del camino marcado, rechazando otras formas de pensar, cualquier plan que no vaya con ellos.

A veces los problemas no se resuelven como uno espera, y cuando eso ocurre solo queda improvisar. No nos gusta cambiar porque a menudo lo hemos hecho cuando no nos ha quedado más remedio. Por eso lo solemos asociar con la frustración y el fracaso. Tanto es así, que existen siete mecanismos de defensa cuya función es garantizar la parálisis psicológica de la sociedad. La tensión entre razón teórica y razón práctica —y el dualismo que la provoca— no es fácil de resolver, y menos aún de disolver. Pensé en enlazarlo y escribir sobre ello pero recordé que hace unos meses Borja Vilaseca escribió en el País Semanal un artículo que llevaba por título ‘Que cambien los demás’ y que considero tan completo que ahora lo comparto.

El primer mecanismo de defensa es el miedo (1), en seguida aparece en escena el autoengaño (2), es decir mentirnos a nosotros mismos –por supuesto, sin que nos demos cuenta- para no tener que enfrentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de transformación. Para lograrlo basta con mirar constantemente para otro lado. Como decía Goethe “nadie es mas esclavo que quien falsamente cree ser libre”. (…)

Por esta razón, el autoengaño suele dar lugar a la narcotización. (3). Y aquí todo depende de los gustos, preferencias y adicciones de cada uno. Lo cierto es que la sociedad contemporánea en la que vivimos promueve infinitas formas de entrenamiento que nos permiten evadirnos las 24 horas del día. Dado  que en general huimos permanentemente de nosotros mismos, lo más común es encontrarnos con personas que no van hacia ninguna parte. Ir a ninguna parte puede ser, creer que todo está perdido, no fijarte un plan de vida, ¿lo intentaste alguna vez? o no replantearte aspectos de tu vida que tal vez ya no totalicen en nada la realidad que vives pueden ser algunos de los casos.

Con el tiempo, esta falta de propósito y de sentido suele generar la aparición de la resignación (4). Cansados físicamente y agotados mentalmente, decidimos conformarnos, sentenciando en nuestro fuero interno que “la vida que llevamos es la única posible”. Asumiendo así, definitivamente el papel de víctimas frente a nuestras circunstancias. En caso de sentirnos cuestionados solemos defendernos impulsivamente por medio de la arrogancia (5), muchas veces disfrazada de escepticismo. Esta es la razón por la que solemos ponernos a la defensiva frente a aquellas personas que piensan distinto. Al mostrarnos soberbios e incluso prepotentes, intentamos preservar nuestra rígida identidad.

Este camino es corto, y si seguimos posponiendo lo inevitable, la arrogancia suele mutar hasta convertirse en cinismo (6). Sobre todo, tal y como se entiende hoy en día. Es decir, como la máscara con la que ocultamos nuestras frustraciones y desilusiones, nuestros miedos y preocupaciones, y bajo la que nos protegemos de la insatisfacción que nos causa llevar una vida de segunda mano, completamente prefabricada. Tal es la falsedad de los cínicos, que suelen afirmar que “no creen en nada” poniendo de manifiesto que en realidad no creen en sí mismos. Por último, existe un séptimo mecanismo de defensa: la pereza (7). Y aquí no nos referimos a la definición actual, sino al significado original. La palabra pereza procede del griego acedia, que quiere decir “tristeza de ánimo de quien no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podría realizar”. En fin, nadie dijo que fuera fácil pero para empezar a cambiar solo hay que dar un primer paso.

Después de leer a Borja Vilaseca podríamos decir que ser realistas es más difícil de lo que parece, y obviamente, si nos comparamos con Leonardo da Vinci, Edison, Marie Curie… o Bernbach, Ogilby, Edward Nash, Gordon Lewis… o los más grandes emprendedores, pensadores y empresarios de nuestra época pondremos el listón tan alto que se nos quitaran las ganas de empezar.

¿Qué tal si nos comparamos con el ama de casa que con 600 euros al mes paga el piso, el colegio de los niños, mantiene a la familia y ahorra?, o, ¿Qué tal si nos comparamos con el estudiante que se paga la carrera repartiendo pizzas, cuidando ancianos y enseñando matemáticas?, o tal vez, ¿Qué tal si nos comparamos con el pequeño empresario que saca adelante 14 puestos de trabajo, compite contra la tecnología extranjera, nunca recibió una subvención y lucha contra viento y marea cada día?

Si somos realistas, así el listón no deja de parecer alto, pero así veremos que personas como cada uno de nosotros consiguen seguir adelante cada día. Si somos creativos aprenderemos a fortalecer nuestras miras y así, el túnel jamás parecerá tan largo. (…) Cuando Juan Sebastián Elcano observó que seguían viéndose en el horizonte los mástiles de los barcos mientras ya no se veían los cascos de los mismos, e imaginaba la forma redonda de la Tierra, estaba siendo tan ingenioso y creativo como Procter and Gamble, que al equivocarse fabricando el jabón Ivory (las pastillas se quedaban flotando como trozos de corcho) decidieron ofrecer-lo como un invento que impedía que la gente se partiera la crisma al pisar el jabón en la bañera.

Y todos, somos por naturaleza igual de creativos e ingeniosos que la madre que elige el tubo de pasta dentífrica con la boca más estrecha, porque así cunde más, o la que inventa el donut al observar que sus tartas se quedan pocas hechas por el centro y decide ponerle allí un agujero. El ingenio, la necesidad de auto-realización, la necesidad de proseguir adelante, de querer entender o de ser entendidos, la inquietud de saber más sobre aquello que tanto nos interesa, forma parte de nosotros. Solo queda intentarlodar un primer pasocreer en imposibles.

Como dice el dicho popular, “querer es poder” se trate del ámbito que sea. Y no existen maquinas para medir todo esto. Mal que le pese a Marvin Minsky, que dijo en cierta ocasión que nuestras mentes son computadoras hechas de carne. “El primer paso para resolver un problema es reconocer que existe.” Mucho me temo que mientras no se invente un procedimiento más fiable, la subjetividad de cada uno, o de quienes le rodean y nuestro propio fuero interno seguirán siendo el criterio preferente para determinar la validez o no de un acierto. En ese camino aprendamos cada día a seguir abriéndonos con simpatía, ponernos en el lugar del prójimo e intentemos no prejuzgar antes de lo necesario.

Y ahora, respóndete a esto: ¿Qué es lo que quieres, en verdad quieres algo? “Ve tras ello, ya que tan solo la lluvia cae del cielo...” Se feliz, ábrete al mundo y pelea por tus sueños. ¡Hasta otra!