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22 feb. 2011

River Phoenix : la estrella que nunca se apagará!


River Phoenix :
la estrella que nunca se apagará


Si te encontrara algún día
 tendría que confesarte que vi tus películas demasiadas veces
 para descifrar tus ojos.
Milton Nascimento, “Carta a un joven autor”.


De seguir vivo, sería más grande que Johnny Depp, Brad Pitt y Leonardo DiCaprio juntos. ¿Exageración? Nunca lo sabremos. Porque River Phoenix murió de golpe un 31 de octubre de 1993, de la manera más horrible, pero no sin antes dejarnos un puñado de las mejores actuaciones de las últimas décadas.


Niño de Dios


River Jude Phoenix nació el de 1970 en Oregon, Estados Unidos. Sus padres era unos hippies que vivían de la recolección de frutos. Lo bautizaron River por el río de la vida de la novela Siddharta, de Herman Hesse, y Jude por el tema de los Beatles “Hey Jude”. Al poco tiempo de nacido River, se unieron con familia y todo a la secta Los Niños de Dios, que los llevó a Venezuela en calidad de misioneros. El dinero escaseaba, y River y su hermana menor Rain debían cantar en las calles para ganarse algunas monedas. En 1977, la familia se alejó de Los Niños de Dios debido a las acusaciones de maltrato infantil.
De regreso a tierras estadounidenses, los Phoenix —todos vegetarianos ultra puristas, al punto de no consumir ni siquiera huevos ni miel— decidieron ingresar en el showbusiness. La madre ingresó como secretaria de la cadena de televisión NBC. Desde esa posición logró que el muy pequeño River pudiera participar en avisos publicitarios. El propósito de la madre era utilizar los medios de comunicación para cambiar el mundo, y creía que River sería su misionero. Y el nene tenía con qué triunfar: rubio, ojitos claros, inteligente, con habilidades artísticas. El muchacho debutó en 1980, en la serie Siete novias para siete hermanos (Seven Brides for Seven Brothers), donde interpretaba al hermano menor. Pese a no haber estudiado actuación —es más: nunca fue al colegio, ya que los padres no creían en dicha institución— Tras veintidós episodios, el programa fue cancelado, pero River, el único sostén real de la familia, siguió trabajando en la pantalla chica: apareció en Hotel y Enredos de familia.


Camino a la fama

 

Por aquella época, el director Joe Dante lo eligió para un rol en la película de ciencia-ficción Los exploradores (Explorers, 1985). En su debut cinematográfico, River compuso a un niño inventor que, junto a otros dos jóvenes, fabrica una nave espacial y logra hacer contacto con simpáticos alienígenas. Otro de los púberes protagonistas era el ahora talentoso actor y director Ethan Hawke. Aunque Los Exploradores no fue un suceso comercial, River ya estaba instalado en el medio.
El film que lo puso en la mira del mundo llegó tan sólo un año más tarde.
Cuenta conmigo (Stand by my, Rob Reiner, 1986) contaba la historia de cuatro amigos de trece años que emprenden la búsqueda del cadáver de un muchachito. Semejante aventura constituirá la última gran experiencia de su niñez. Basado en la nouvelle El cuerpo, de Stephen King, se convirtió en uno de un gran éxito de público y crítica, y fue nominada al Oscar al Mejor Guión. Pero el elemento más destacado de la película se encuentra en el cuarteto protagónico. Más precisamente, en River Phoenix. Con su papel de Chris Chambers, un chico con calle, mejor amigo del narrador, condenado a ser un fracasado, se comió cada una de sus escenas, casi todas de alto contenido dramático. Según el director Rob Reiner, River, al carecer de formación actoral, se manejaba por la intuición. Algo así como el Método de memoria emotiva, de Stanislavsky. Tanto se metía en el papel, que a veces terminaba llorando.
En su conjunto, Cuenta conmigo es una gran, gran película, pero el trabajo de River siempre es la excusa perfecta para volverla a ver.
En su siguiente labor, La costa Mosquito (Mosquito coast, Peter Weir, 1986), compuso a un personaje con tintes autobiográficos: el del hijo que cuestiona a su padre (Harrison Ford) quien, por cuestiones ideológicas, viaja a tierras tercermundistas. Aun siendo otra vez un actor secundario, los críticos volvieron a aplaudirlo.
1988 marca el comienzo de su consagración (o algo así). Al filo del vacío (Running to empty, Sydney Lumet), nos lo trae interpretando al hijo de un matrimonio hippie que huye de la justicia debido a que, en los ’70, provocaron una explosión en un laboratorio que fabricaba Napalm (el arma biológica que los yanquis usaron en la guerra de Vietnam). Por lo tanto, la familia entera debe mudarse de pueblo en pueblo, cambiar sus identidades y de trabajos. Pero llega un punto en el que Danny (Phoenix) conoce el amor (Martha Plimpton, con quien tuvo un romance en la vida real), y deberá elegir entre seguir a sus progenitores y comenzar a hacer su propia vida. Otro rol autobiográfico, que le valió, a sus diecisiete años, su única nominación al Globo de Oro y al Oscar como Mejor Actor de Reparto. Si bien ganó Kevin Kline por Los enredos de Wanda (A fish called Wanda, Chales Chrichton, 1988), ya estaba en la lista A de los actores de Hollywood.  Pero ser una estrella no lo preocupaba. Ni siquiera confiaba demasiado en el sistema. “Es como ser el hombre invisible. Uno está ahí parado, se empieza a desintegrar, no puede verse a sí mismo y siente que ha sido absorbido por una burbuja de brillantina gigante.”, dijo en una entrevista a principios de los ‘90.
Vinieron dos películas poco trascendentes: Jimmy Reardon (A night in the life of Jimmy Reardon,William Richert, 1988) y Un espía sin rostro (Little Nikita, Richard Benjamin, 1988) coprotagonizada por Sydney Poitier.
Steven Spielberg lo convocó especialmente para la vibrante secuencia inicial de Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the last crusade, 1989). Ahí tuvo el privilegio de encarnar a la versión teenager del valiente arqueólogo interpretado por Harrison Ford.
Tras ser dirigido por Lawrence Kasdan en Te amaré hasta matarte (I love you to death, 1990), nos regaló la actuación de su vida.
En Mi mundo privado (My own private Idaho, Gus Van Sant, 1991), compuso a Mike Waters, taxi boy, narcoléptico y adicto a la heroína. Su no-formación profesional como actor lo llevó, una vez más, a vivir en el personaje. Para darle el realismo necesario, River y su coprotagonista, Keanu Reeves, consumieron drogas de verdad. Hasta llegó a rumorearse una relación homosexual entre ambos. Dijo Van Sant: “River se comprometía, y no podía hacer un personaje con el que no se involucrara”. Es más: con su banda de música country, Aleka’s Attic, compuso un tema para el soundtrack, la balada “Too many colours”.
Mi mundo privado y la actuación de Phoenix (que le valió el Independent Spirit Award como Mejor Actor, así como premios en Venecia y de parte de la Sociedad Nacional de Critica del Cine de Estados Unidos) no tardaron en transformarse en objeto de culto.
De ahí en más, la vida de River cambió. Aparentemente, el Método lo había perjudicado. En Hollywood ya se hablaba de adicción a las drogas. Para sus amigos, no lograba salir del personaje de Mike Waters.
Así y todo, River se las arregló para seguir destacándose en películas que, en realidad, no eran gran cosa, pero su participación hacen imprescindible su visionado. En La fiesta de las feas (Dogfight, Nancy Savoca, 1991), hace de un marine que, en su última noche antes de partir para Vietnam, conoce al amor de su vida (Lily Taylor); en Héroes por azar (Sneakers, Phil Alden Robinson, 1992), compartió cartel nada menos que con Robert Redford, Ben Kingsley y Dan Aykroyd, quien enseguida notó sus problemas con las sustancias prohibidas y trató vanamente de ayudarlo; el olvidado western Silent Tongue (Sam Shepard, 1993), con Richard Harris y Alan Bates. La comedia romántica Esa cosa llamada amor (That thing called love, Peter Bogdanovich, 1993), lo tenía como un música country —otro papel semi autobiográfico—, a la cabeza de un elenco conformado por Dermont Mulroney, una no tan famosa Sandra Bullock y Samantha Mathis, con quien tuvo un romance que trascendió el set (Hacía rato que River no salía con Martha Plimpton).
Bogdanovich lo recordaba de la siguiente manera: "En filmación trabajé con un chico que parecía, alternativamente, sensible, metido en sí mismo, rudo, abusador, contemplativo, divertido, raro, amable, peligroso.  Era River haciendo James (su personaje en el film), y era tan convincente que yo pensé que así era él".  Y acotó: "Cuando terminó la filmación, conocí al verdadero River: tenía un encanto juvenil y un entusiasmo que contrastaba con su imagen de la filmación.  Se lo notaba limpio y vigoroso, transformado.  La última vez que lo vi fue durante las ruedas del prensa del filme. Allí noté que estaba bebiendo mucho. Una noche en el hotel descubrimos que había pedido 47 cervezas. Esa fue la última vez que lo vi. 

El final del actor, el nacimiento de un mito


Para 1993, River Phoenix se encontraba en la mitad del rodaje de Dark blood (inconclusa película del realizador holandés George Sluitzer) y ya tenía confirmada su rol de periodista escéptico enEntrevista con el vampiro (Interview of the vampire, Neil Jordan, 1994), la adaptación al cine de la novela de Anne Rice.
Aunque la carrera parecía ir en ascenso, su vida personal tambaleaba. La cuestión: drogas. Se dijo que hasta Hollywood lo puso en una suerte de lista negra.
Pero la noche del 31 de ese mes (sí, justo Halloween), todo se puso peor.
River, su novia Samantha Mathis y su hermano, el ahora reconocido actor Joaquín Phoenix, ingresaron en el bar Viper Room, perteneciente a Johnny Depp, en Los Ángeles. La actriz se fue temprano, pero River permaneció en el lugar, zapando con su guitarra.
Cerca de la una de la mañana, River Phoenix salió del Viper Room, en un estado lamentable. De pronto se desmayó en la vereda de Sunset Strip y tuvo convulsiones. En la ambulancia que lo llevaba al Cedars Sinai Medical Center, sufrió un colapso. Faltando nueve minutos para las 2 AM, y antes de poder llegar al hospital, River Jude Phoenix fue declarado muerto. Tenía veintitrés años.
Según el informe del forense, había sido víctima de una sobredosis. En su organismo se encontraron cocaína, heroína, marihuana y Valium.
El público, los críticos, todos quedaron consternados. Para la gran mayoría, River era un vegetariano y ecologista militante, no un muchacho sin rumbo que se la pasaba drogándose.
Los medios yanquis en general tomaron actitudes poco comunes. Tenemos el caso del fotógrafo que, estando en la escena del desastre, tuvo el respeto suficiente como para no tomar fotos del moribundo River. Cuando el tema de la sobredosis salió a la luz, los diarios y revistas se dedicaron a escribir notas condenando al joven actor: decían que usaba su reputación de tipo sano para tapar una doble identidad de parrandero incontrolable. Por el lado de Hollywood, nadie se hizo cargo, y apenas unos pocos hablaron del tema. Johnny Depp quedó tan afectado, que decidió cerrar el Viper y mudarse a Francia. Por su lado, su amigo y colega Dermont Mulroney dijo que era un espíritu libre incomprendido por el mundo. Y Christian Slater, quien lo reemplazó en Entrevista con el vampiro, donó su sueldo a la familia Phoenix.
Al no haber protagonizado tanques ultrataquilleros ATP ni cobrar sumas desproporcionadas, River Phoenix nunca llegó a ser una figura familiar para todo el mundo. Tal vez por eso no pasó a ser una de las grandes leyendas del cine. En cambio, sí es recordado como un actor de culto, una presencia marginal adorada por unos pocos grupos de fanáticos le dedican páginas especiales y foros de discusión. Músicos de prestigio como Milton Nascimento y Rufus Wainwright compusieron temas inspirados en su figura. Y la expresión “ícono de la Generación X” se volvió recurrente.
Por fortuna, muchas de sus películas comenzaron a salir en DVD, cosa que permitirá que las nuevas generaciones puedan disfrutar de este grande que murió antes (mucho antes) de tiempo.
  

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