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15 may. 2012

¡Hoy es nuestro cumpleaños! El de tod@s. #Feliz15M

@JAVIERARAGON - JAVIER ARAGÓN, EL martes, 15 DE MAYO DE 2012


Dicen que soy Tauro, es decir, paciente, persistente, decidido y fiable. Es verdad. Nací en primavera, y hoy es mi cumpleaños. Para que vengan tod@s he comenzado a celebrarlo unos días antes. No importa. También será el aniversario de otros, el aniversario de tod@s. Ahora nazco cada día y para el resto de mi vida. Soy #15m

Hace un año sentí que el mundo en el que vivimos cambiaba, sentí como por primera vez las jóvenes generaciones hacíamos algo y actuábamos en consecuencia, nos obligaron a dar respuestas que no teníamos, nos intentaron hacernos sentir culpables por habernos enseñado un sueño en el que la vida no era ni precaria, ni injusta. Juntos despertamos hace un año para unirnos por lo que nos une y olvidarnos de lo que nos separa.

El sábado encontrándome de nuevo en el centro de la puerta del Sol fui consciente de nuevo, consciente de que un mundo más igualitario es posible, consciente de que todavía queda corazón y humanidad y sobre todo y más importante fui consciente de nuevo de que estamos vivos, más fuertes que nunca y con ganas de seguir adelante. Os confesaré que adormecido y cansado al grito de “Si se Puede” desperté de nuevo.

Un año de idas y venidas, de esfuerzo, de unidad. Recodar gritos en Sol  a son de: “Barcelona no estás sola” hace que se me ponga la piel de gallina. Recordar a Francisco, que estuvo en Sol desde que comenzó el movimiento y se ayudaba de un megáfono para agitarnos. Sus palabras eran escuchadas con atención por tod@s los presentes, así decía: "El 15-M es políticamente lo más grande que ha pasado en este país desde 1939".

El movimiento que comenzó hace un año  ha aportado mucho más que unas simples acampadas lo largo y ancho de este planeta. Inspirado por la primavera árabe, ha conseguido ser un referente mundial influenciando a otros movimientos en todo el mundo, llegando al caso de Occupy Wall Street, ha devuelto al parlamento y, lo que es más importante, a la calle unas ideas y unos planteamientos democráticos que parecían olvidados.

Poner de relieve la injusticia de algunos desahucios, reclamar un sistema democrático más transparente y cercano al ciudadano, reclamar un mayor control sobre las decisiones de la banca, o incluso recordar la importancia de un parlamento que no esté dominado por el bipartidismo, han sido algunas de sus claves. Tras el tsunami inicial, se ha convertido en una incesante lluvia fina que ha ido calando en la sociedad española e internacional. Aquellos mismos que critican al 15M se han visto afectados por él, reclamando derechos que hace un año y medio ni se planteaban. Ése es el gran mérito del movimiento que hoy cumple su primer aniversario, poner de nuevo sobre la mesa temas que habían sido apartados por una sociedad acomodada y que no salía a la calle.

Despojados de lo que nos conectaba al resto de los humanos, la alegría en común, la empatía, la capacidad de escuchar, de comunicarnos, de potenciarnos, de amarnos, para dejarnos envasados herméticamente en paquetes individuales y almacenados de por vida. Aislados llegamos a combatir esa dinámica alienante poniendo lo mejor de nosotros en cada plaza, en cada parque y en cada ciudad. Sabíamos que quienes la perpetuamos y alimentamos éramos nosotros mismos y por eso junt@s fuimos a acabar con ello.

Fuimos a las plazas a cortocircuitar ese sistema que tantos años estuvimos  reforzando y que nos comía la propia vida. Cómo explicárselo a quienes no creen que esto sea posible. También salimos a encontrarnos unos con otros. Hartos de estar encerrados en casa, envasados al vacío frente a la tele, hartos de rozarnos apenas en los bares, en el fútbol, hartos de no llegar a conocernos nunca. Salimos a habitar por fin un espacio común. A crear con nuestra presencia un espacio nuevo en el que hablar, contarnos quiénes somos, qué necesitábamos y que sabíamos o qué habíamos aprendido.

Nos juntamos en las plazas para hablar, para decidir juntos lo que queremos, para que nadie decidiese más por nosotros lo que no queremos. Salimos y nos juntamos en las plazas para compartir nuestros saberes, para generar alegría, potencia y vida. Con ello, alteramos lo privado y lo público. 

Salimos para cambiar lo que hay de gris en nuestra vida de trabajo, fútbol y bares. Y con ello para cambiar el mundo, porque lo personal sigue siendo incuestionablemente político y lo político empieza por lo personal. Salimos a indagar con quién vivimos y nos dimos cuenta de que no es verdad lo que nos habían contado. No somos distintos, no estamos lejos, no somos adversarios, no queremos robarnos unos a otros lo poco que tenemos.

Nos hemos dado cuenta de que somos uno mismo, incluso si no compartimos la lengua ni el equipo de fútbol o el partido político. Nos caemos bien, estamos a favor unos de otros. Hemos descubierto que somos más generosos de lo que creíamos. Nos interesa lo que nos estamos contando y queremos seguir hablando. No queremos volver a nuestra casa, nuestra tele y nuestro envase al vacío. No queremos dejar que de nuevo nos impidan sentarnos en las plazas y nos cierren las ciudades y los continentes. Ahora queremos saber qué cuentan en las plazas de otros países, incluso más allá de los muros de Schengen.
Hemos descubierto que habitar estas plazas es darles vida y que dar vida juntos a nuestras ciudades es darnos vida a nosotros mismos. Hemos descubierto que todos juntos lo hacemos mejor que ellos. Que juntos estamos mejor que solos. Hemos descubierto que la política era precisamente esto. Y estamos pletóricos. Cómo explicárselo a ellos, que no sienten este gozo.

No somos apolíticos: simplemente, le negamos el carácter de lo político al teatro de la política partidaria y nos lo apropiamos desde las plazas que defendemos y desde las que lanzamos el desafío. No nos dejemos engañar por la marca de lo cívico: no es más que la cosmética del creciente control del espacio público; no es más que la burda justificación de nuestra expulsión de las calles y plazas.

Hallamos en todas partes la misma pena de vivir, el mismo dolor y la más absoluta ausencia de horizontes. En todas partes la misma oscuridad, la misma noche. Y ante todo, la certeza de estar ante una realidad que, con la más vejatoria de las indiferencias, tritura de forma persistente nuestras vidas. La realidad ha demostrado que su único sentido es perpetuarse en esta agresión a la que sobrevivimos cada día, y su único límite lo halla en la posibilidad de que sucumbamos a nuestras propias vidas.

Solo una experiencia privada, aislada y solitaria de esta fragilidad de vivir ha permitido que las cosas sigan su curso normal. Normalidad significa hacer la experiencia privada de nuestra desesperación. Normalidad significa guardar silencio, y aguantar a solas el peso de la realidad. Normalidad significa perpetuar, mediante la más humillante de las complicidades, el actual estado de cosas.
La precariedad no es una categoría económica, es una categoría que habla de nuestra existencia. 'Precariedad' significa tener una vida que pende de un hilo. Se manifiesta de forma encarnizada en nuestras vidas: no es una imagen, ni una simple manera de explicar las cosas. La precariedad es lo que somos a cada instante y de forma inevitable, esto es, una vida rompiéndose, un querer vivir debilitado.

De la misma manera, casi 6.000.000 de parados no es un dato, no es estadística. La única verdad del paro, es la de la imposibilidad de tener una vida. Sabemos que la realidad se organiza en relación a la dicotomía tener dinero/no tener dinero. Tener dinero significa estar 'dentro', poder tener una vida, que en cualquier caso será poco más que una vida precaria. El reverso de tener una vida es no tenerla. Una persona en paro es una persona a la que se le ha denegado la posibilidad misma de tener una vida. Está muerto socialmente. En medio de todo este desastre sobrevivimos de forma anónima y ayudados sobre todo por nuestros allegados: familia, pareja, amigos… Habiendo llegado a este punto, nuestra capacidad de aguante, de ayudarnos, de tendernos la mano unos a otros en las peores horas ha quedado demostrada con una grandeza que ningún representante del pasado, actual o futuro sistema político podrá jamás llegar a comprender.

Esa es la verdad que nos pertenece, y es inexpropiable. Es el pequeño espacio de dignidad que hemos conquistado en nuestra particular lucha contra la vida. Ahora, además, la hemos politizado. La toma de las plazas en las principales ciudades del país y del mundo nos habla de todo esto. Pero nos habla también del momento en que hemos decidido por fin tomar partido y rechazar el actual estado de las cosas.

Hemos convertido en fuerza nuestro anonimato y en desafío nuestra desesperación. Hemos comprendido que la dignidad no es negociable, que no se pide: se toma. Hemos comprendido que lo que está en juego nos es otra cosa que nuestra propia vida. No podemos parar ahora porque ante una realidad que nos agrede de forma constante solo nos queda un enfrentamiento constante. Que las condiciones de vida en las que estábamos forzados a vivir eran insoportables lo sabíamos todos. Ahora sabemos además que podemos contestarlas, que podemos debatirlas, que juntos podemos intentar no solo cambiarlas sino mejorarlas, nuestras condiciones de vida comienzan por nosotros mismos.

La normalidad nos habla de cómo actuamos cuando tendemos a ser como la sociedad nos impone que seamos, la normalidad es confundida es este aspecto con la pasividad de saber y no querer creer, o lo que es lo mismo de conocer el problema pero por miedo no asumirlo.

Al tomar las plazas en un delirio colectivo que rompía el sentido común – el sentido común como el Pepito Grillo de la conciencia  seguía diciéndonos ¿para qué? – es la calle quien habla. Nosotros. Entonces vemos que no nos hacen falta banderas para identificarnos. Somos sencillamente los que decimos Basta ya. Queremos vivir. Y sabemos que el querer vivir no es mío sino que lo comparto en la sonrisa cómplice del que tropieza conmigo en una plaza a rebosar, en la alegría de estar juntas. ¿Qué es la Puerta del Sol? ¿Qué es la Plaza Catalunya? ¿Qué son tantas y tantas plazas abiertas? Un espacio del anonimato, un agujero negro. La autoorganización de la fuerza colectiva. La invención concreta y práctica de otro mundo. De otro modo de vivir, de pensar, y de amar. Esto es lo que da más miedo al poder ya que no puede controlarlo. Esa fuerza de resistencia y creativa que se expresa en las numerosas frases inventadas, en los corrillos de discusión,  en asambleas multitudinarias, en las cocinas, en cada rincón.

Gracias a las plataformas que iniciaron el 15M y a la gente que se sumó, la sociedad se despertó hace un año de un letargo. Mis pensamientos me llevan a creer que la sociedad sigue estando aún mas harta de ser expoliada. Es la hora de que la sociedad siga sentándose en las calles y plazas pacíficamente para protestar contra el robo indiscriminado de derechos sociales que están suponiendo los últimos años de decisiones políticas. Sentarse en el suelo levantando las manos y gritar "estas son nuestras armas", "Si se puede" o tres mil canticos más hasta que los políticos se quieran dar cuenta de que no nos vamos a ir, que estamos en nuestro sitio, que ponernos en la plaza no es fácil por mucho que lo parezca, que no es ponernos. Es exponernos.

Es el momento de vovler a salir a las calles de España, a las calles del mundo y alzar la voz de la razón por el bien de TODAS las personas que habitamos el planeta. Tantas vivencias, tantos recuerdos que hoy serán revividos y recordados convertirán el 15 de mayo de 2012 como el primer aniversario de un cambio global.

Recuerda que cuando la lluvia no cesa, nosotr@s somos más libres, libres para hablar, para pensar, para imaginar como pudiera ser el mundo en el que nos gustaría vivir dentro de unos años, el mundo que nos gustaría que nuestros hijos heredaran dentro de unas décadas.

¡Feliz 15 de mayo para tod@s! 

¡Recordamos el olvido! #21J


- También puedes leerme en: http://spainrevolution.com/revolt/?p=9053 

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